¡Hola Personas!
Esta vez me lo han puesto en bandeja. Vamos a hablar de Dios. Aunque Dios no exista. Es curioso que yo no crea en él después de mi educación católica practicante en la que hasta hice la confirmación. Pero es que la vida me ha demostrado que Dios no existe o es un hijo de puta.
Lo sé, suena muy fuerte lo que he escrito y a mucho les sangrarán los ojos y los oídos, pero tengo motivos suficientes para afirmar algo así. No voy a contaros mi vida ni mis penas ahora. No voy de víctima ni quiero que digáis pobrecito mira que mal lo ha pasado y lo que le queda encima. Cada uno tiene lo suyo y una historia que contar. Pero volvamos al tema ¿Dios existe?
El caso es que toda esa infancia que viví envuelta en creencias religiosas, al ir explorando el mundo (y en especial el de las ciencias) se vieron descubiertas y panza arriba sin argumentos que esgrimir en su defensa. "Los caminos del señor son inescrutables" viene a traducirse como "No tenemos ni puta idea de nada ni somos capaces de argumentar que exista un dios. Pero tenemos que creer en algo porque tenemos miedo a estar solos".
Bueno, no sé si estaremos solos en el universo. Sería fácil pensar que no. Hoy día tenemos constancia de que en la parte del universo que podemos ver, el universo observable, hay unas cien mil millones de galaxias. En cada una de esas galaxias estimamos que han de haber unas cien mil millones de estrellas. Y ahora sabemos que hay aproximadamente un planeta por cada estrella.
Que vayamos a tener contacto con otros seres de otros planetas ya es otro tema. Aquí somos demasiado belicosos e idiotas como para que quiera venir nadie a vernos. Nadie en sus cabales vendría a hacerse amigos nuestros y si lo que quieren es conquistarnos solo tienen que esperar unos pocos años para ver cómo nos destruimos nosotros mismos.
Así de molones somos. ¿Los renglones torcidos de Dios? Quizá esos sean los únicos capaces de evitar el fin de nuestro mundo.
Sinopsis
Alice Gould es ingresada en un sanatorio mental. En su delirio, cree ser una investigadora privada a cargo de un equipo de detectives dedicados a esclarecer complicados casos. Según una carta de su médico particular, la realidad es otra: su paranoica obsesión es atentar contra la vida de su marido. La extrema inteligencia de esta mujer y su actitud aparentemente normal confundirán a los médicos hasta el punto de no saber a ciencia cierta si Alice ha sido ingresada injustamente o en realidad padece un grave y peligroso trastorno psicológico.
Sobre la obra
El autor siente un particular interés por la caracterización de sus personajes, aspecto muy cuidado en sus obras, y en especial por los problemas psicológicos y psiquiátricos y de hecho mantuvo una discusión con el psiquiatra Juan Antonio Vallejo-Nágera, prologuista de la obra, cuando le comunicó su decisión de conseguir ser internado en un sanatorio psiquiátrico o manicomio para documentar esta novela. Lo consiguió a pesar de la falta de colaboración del psiquiatra y, al parecer, el Hospital Psiquiátrico de Nuestra Señora de la Fuentecilla, próximo a Zamora, en que se ambienta la acción de la novela, tiene como referente real el de Conxo, en Santiago de Compostela, en el que Luca de Tena «convivió, como un loco más, entre los locos», según sus propias palabras. Esta obra presenta una indagación sobre los límites entre la salud y la enfermedad mental (Sevilla-Vallejo, 2019).
Sobre el autor
Torcuato Luca de Tena Brunet (1923-1999) Miembro de una conocida familia de periodistas monárquicos, era nieto del fundador de la revista Blanco y Negro (1891) y de ABC (1903), Torcuato Luca de Tena y Álvarez Ossorio, hijo de Juan Ignacio Luca de Tena —que dirigió ese periódico entre 1929 y 1936—, y hermano del también periodista Guillermo Luca de Tena.
Pasó unos años de su juventud en Chile, donde su padre fue nombrado embajador. Allí cursó tres años de Derecho en la Pontificia Universidad Católica de Chile y publicó su primer libro de versos cuando contaba apenas dieciocho años, Albor. Se licenció en Madrid e inició su andadura en el periodismo. Fundó la edición aérea de ABC. Durante la Segunda Guerra Mundial ejerció como corresponsal de ABC en Londres y en 1952 asumió la dirección del diario, cargo del que fue destituido en 1953 a causa de sus fricciones con el Ministro de Información falangista Gabriel Arias-Salgado: en menos de un año el diario sufrió once expedientes por causas tan nimias como usar la denominación de "Jefe del Estado" en lugar del término "Caudillo", y tuvo que aguantar las permanentes intromisiones de la censura en cuestiones tan banales como sustituir el nombre de Alfonso X por el de Cervantes para evitar la propaganda encubierta de las ideas monárquicas.
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| Torcuato Luca de Tena |
En 1967, al desarrollarse la Ley Orgánica del Estado, alcanzó en el Consejo Nacional uno de los puestos designados directamente por Franco. Su fidelidad a la persona de Juan de Borbón fue tal que emitió en las Cortes de 1969 un voto negativo al ser nombrado Juan Carlos I sucesor por Franco sin respetar el orden dinástico.
Miembro de número de la Real Academia Española (1973), tras ser desahuciado por los accionistas de la dirección de ABC marchó a México y se consagró a la literatura: entre 1976 y 1999 publicó diez novelas, tres comedias, y un libro, Poemas para después de muerto, el más conmovedor de los suyos. Realizó una antología poética de poesía religiosa cristiana clásica que se publicó en 1999 bajo el título La mejor Poesía Cristiana. El testamento espiritual de Torcuato Luca de Tena. En silla de ruedas en sus últimos años, murió al lado de su esposa Blanca en 1999.


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